Cuando trabajamos en entorno de camino escolar nos vienen siempre a la cabeza los primeros minutos del inicio de la serie Pippi Calzaslargas. Tommy y Anika, 9 y 8 años respectivamente, van solos a la escuela, corriendo para no llegar tarde. Pasan por la zapatería, la panadería y la bombonería, donde se les hace la boca agua mirando el escaparate. No es Estocolmo, pero la escuela está al otro lado de la ciudad. Conforme se acercan van encontrándose con otras niñas y niños. Está la tía Pastelius, la persona que se ocupa de la infancia, así lo determinó el alcalde. En el momento de entrar en la escuela se ven llegar niñas y niños en bici.
Queda lejos en el tiempo aquello de que la mayoría de las niñas y los niños han tenido la posibilidad de desplazarse y de usar las calles para el juego, sin acompañamiento de personas adultas. Muchas de las personas que hoy en día están dedicadas a la crianza ya no han tenido la experiencia de una ciudad segura y amable durante su infancia. La autonomía de movimiento ha sido drásticamente limitada por un modelo urbano que prioriza la movilidad en vehículo privado.
Para revertir esta situación son muchas las iniciativas impulsadas por diferentes agentes preocupados por los impactos de la movilidad motorizada y por la contaminación atmosférica, donde la infancia se presenta como la población más vulnerable.
Las escuelas son lugares a los que se acercan muchas personas todos los días. Los caminos escolares pueden facilitar los primeros desplazamientos autónomos de la infancia. Los entornos de las escuelas deben priorizarse en las estrategias de pacificación del tráfico y de mejora de calidad del aire. Los patios de las escuelas pueden estar abiertos al vecindario y funcionar como refugios climáticos cuando el calor se hace insoportable. Las escuelas están siendo infraestructuras clave a la hora de abordar políticas urbanas tanto por parte de la ciudadanía como por parte de la administración.
Así, en Valencia, los proyectos derivados de los presupuestos participativos DecidimVLC 2023 incluyeron la mejora de los entornos escolares del CEIP Cervantes, CEIP Angelina Carnicer y CEIP Castellar l’OLiveral, que se suman a las actuaciones ejecutadas en el CEIP Ciudad de Bolonia y en CEIP José Soto Micó.
El proyecto de mejora del entorno CEIP Cervantes viene definido por la planta viaria del Servicio de Movilidad, donde se indica la creación de un nuevo paso de peatones en la calle Guillem de Castro que mejorará los desplazamientos de las niñas y niños que acudan a la escuela desde Ciutat Vella. También se recogen la ampliación de las aceras que rodean el centro educativo. En Guillem de Castro, desplazando el carril bici a la banda de aparcamiento existente, y en Pere Bonfill y Padre Manjón, siguiendo la intervención de urbanismo táctico realizada en los años posteriores a la pandemia COVID-19, donde ya se desviaba el eje de la trayectoria de vehículos motorizados ayudando a la amortiguación de la velocidad.
La actuación definitiva que persiguen estas diferentes iniciativas es la supresión del aparcamiento y del tráfico de vehículos motorizados alrededor de las escuelas, priorizando la movilidad peatonal y ciclista en el entorno escolar, creando corredores de acceso libres de coches, fomentando la presencia de vegetación y agua, y promoviendo zonas estanciales, de encuentro y de juego.
La ampliación de aceras es un paso previo en la consecución de esta actuación definitiva, a la que sumamos la creación de zonas para la estancia con mobiliario urbano y alcorques de grandes dimensiones donde acoger diferentes estratos de vegetación además del arbóreo y recoger las aguas pluviales. En Guillem de Castro los alcorques sirven además como elemento de seguridad entre personas peatones y ciclistas.
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